En qué contexto se produjo el fallecimiento de la mujer más importante de la historia argentina. Por qué 1952 fue un año bisagra en la historia del peronismo. Los tiempos en que Perón lanzaba un programa de estabilización y austeridad al tiempo que profundizaba su acercamiento a los Estados Unidos

La enfermedad de Evita encontró a Perón en la cúspide del poder

El 26 de julio de 1952, hace exactamente 70 años, falleció Eva Duarte de Perón. Su muerte, a los 33 años, enluteció a la gran mayoría del pueblo argentino. Pero, ¿en qué circunstancias se produjeron los hechos?

La enfermedad incurable de Evita había encontrado a Perón en la cúspide de su poder. En noviembre del año anterior, un aluvión de votos lo había confirmado como Presidente de la Argentina. Por primera vez un presidente argentino lograba una reelección consecutiva, dado que los dos presidentes reelectos con anterioridad (Roca e Yrigoyen), habían conseguido una segunda presidencia de manera no inmediata. Se eligieron también la totalidad de los miembros del Congreso, en aplicación de la nueva Constitución de 1949, la que había unificado los mandatos de presidente, senadores y diputados en seis años. Por primera vez, una importante cantidad de mujeres accedieron a escaños parlamentarios: 6 senadoras y 21 diputadas.

La composición del Congreso resultó en una mayoría peronista abrumadora: todas las bancas del Senado pertenecían al oficialismo y en Diputados sólo doce bancas correspondieron a los partidos opositores. Significaba una sustancial disminución de la representación de la oposición. En 1946, el bloque radical tenía 44 integrantes.

Pero no todas eran alegrías para el gobierno. En materia económica, el país atravesaba dificultades. Después de unos pocos años de bonanza de posguerra, las consecuencias de la relación triangular entre la Argentina, el Reino Unido y los Estados Unidos se volvieron gravemente perjudiciales para la economía argentina. El gobierno del Presidente Juan Domingo Perón, beneficiado por la situación de los años posteriores al final de la guerra (1945-48), pronto se vio afectado por una nueva realidad internacional que no podía modificar. Los mercados europeos estaban virtualmente cerrados, nuestro principal socio comercial estaba quebrado y se extendía un boicot norteamericano al comercio exterior y a las importaciones argentinas como consecuencia de la actuación albiceleste durante el conflicto.

Jorge Remes Lenicov escribió muchos años después: “Perón, entre 1946 y 1948, había impulsado el crecimiento económico y aumentando el salario real. Pero esa política no se pudo sostener entre 1949 y 1951, por la reversión de los precios internacionales, la sequía y el bajo nivel de ahorro e inversión. Fueron años de caída del PIB y del salario real, alta inflación y aumento de los déficits gemelos (fiscal y externo). Advertida la crisis y sus causas, el gobierno decidió un cambio estratégico. Implementó dos programas: uno, de estabilización y otro de crecimiento basado en los principios del Congreso de la Productividad y el Empleo y los objetivos e instrumentos del 2° Plan Quinquenal”.

Con un nuevo mandato presidencial bajo el brazo, Perón había encarado 1952, el que sería un año bisagra en su gobierno: el año de la muerte de Eva Perón, el año del “pan negro”, el Segundo Plan Quinquenal y el de una profundización en la búsqueda de una alianza con los Estados Unidos.

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El 4 de febrero, Perón había convocado a una Conferencia de Gobernadores. Las expresiones de algunos colaboradores del líder parecieron formuladas a la medida de la caricatura que el anti-peronismo pretendía propagar. El ministro de Asuntos Técnicos, Raúl Mendé, recomendó a los gobernadores “realizar una investigación a fondo a fin de individualizar a los elementos negativos y a los elementos opositores e inmediatamente adoptar la única medida posible, separarlos”. Mendé llegó a afirmar que los empleados públicos debían “primero ser peronistas, segundo ser honrados y tercero, si es posible, ser capaces”.

Pero más allá de la obsecuencia -un pecado que tanto daño le haría al peronismo- el general Perón mostraría sus dotes de estadista dos semanas más tarde. El día 18 de febrero, Perón habló al país. Informó que se aplicaría un plan económico de emergencia. El líder justicialista se decidió a adoptar un programa de austeridad económica. “Consumir menos y producir más”, explicaría Perón, haciendo gala de su habilidad dialéctica y didáctica. Aquel día anunció que buscaría reducir la inflación recortando el gasto público y que impondría un congelamiento de precios y salarios por dos años. El gobierno se vería obligado a recurrir a los fondos de las Cajas de Ahorro de pensión para financiar gastos corrientes sin tener que emitir moneda sin respaldo. El pragmatismo en el pensamiento económico de Perón era una nota evidente.

Joseph Page lo explicó en su biografía sobre el líder: “Un par de informes confidenciales preparados por sus asesores económicos en los meses de junio y noviembre de 1951 describían la seriedad del problema de la balanza de pagos. El creciente costo de las importaciones, como consecuencia de la guerra de Corea, y una abrupta caída en la producción agrícola causada por la sequía, surgían como las causas principales. Las disposiciones provisorias adoptadas antes de las elecciones no habían mejorado en nada la situación. Después de que los votantes renovaron el mandato de Perón, este se sintió políticamente capacitado para tomar decisiones más drásticas. Perón llamó al ministro Gómez Morales a su residencia y lo interrogó sobre las posibles opciones. Gómez Morales le respondió que el gobierno iba a tener que pedir crédito al exterior o embarcarse en un programa de austeridad económica. El presidente optó por esto último”.

Mientras desplegaba sus esfuerzos para reconducir la economía a través de su giro “realista”, Perón profundizó el realineamiento de su política exterior. Un acercamiento con los Estados Unidos resultaba inevitable. En esas circunstancias, Albert Nufer fue designado como embajador norteamericano en Buenos Aires, un diplomático con el que Perón establecería amistad.

Nufer era el quinto embajador norteamericano acreditado ante el gobierno de Juan Perón en la Argentina. Lo habían antecedido George Messersmith (1946-1947), James Cabell Bruce (1947-1949), Stanton Griffis (1949-1950) y Ellsworth Bunker (1951-1952). La lista no incluye a Spruille Braden dado que su controvertida actuación -entre mayo y septiembre de 1945- tuvo lugar durante el gobierno del general Edelmiro Farrell.

Meses más tarde, el general Dwight D. Eisenhower se convertiría en el nuevo presidente de los EEUU y buscará mejorar el vínculo bilateral con la Argentina. El abandono de la “Tercera Posición” era un hecho objetivo.

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Semanas antes, Evita había realizado un último esfuerzo descomunal al levantarse de su lecho para acompañar a Perón en las ceremonias de reasunción presidencial. Aquel 4 de junio sería su última aparición pública. Junto a Perón, recorrió en un automóvil descubierto el trayecto desde el Congreso hasta la Casa de Gobierno. Eva Perón quedaría postrada durante los escasos días que le quedaban de vida.

De nada valieron los numerosos homenajes que se le ofrecieron. El 7 de mayo, al cumplir sus 33 años, el Congreso le había otorgado el título de “Jefa Espiritual de la Nación”, una fórmula totalmente novedosa y carente de antecedentes legislativos propuesta por el titular de la Cámara de Diputados, Héctor J. Cámpora. La salud de Eva Perón se encontraba gravemente comprometida. La información disponible indicaba que para ese entonces pesaba 37 kilos. Semanas más tarde, ambas cámaras sancionaron la ley que imponía al libro “La razón de mi vida” como de lectura obligatoria en las escuelas. Dice Alberto Ciria: “El proceso de canonización oficial de Eva Perón como abanderada de los humildes abarcó el cambio de nomenclaturas urbanas y provinciales (…) La Plata pasó a ser Ciudad Eva Perón. La Pampa se convirtió en la Provincia Eva Perón”.

Eva Perón falleció el día 26. El padre Hernán Benítez le daría la extremaunción. El subsecretario de Prensa y Difusión, Apold, redactó el comunicado oficial que fue difundido a las 9:30 y que rezaba: “Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación en informar al pueblo de la República Argentina que a las 20:25 hs ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Sus restos serán conducidos, mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente…”.

Su funeral fue el más grande de la historia argentina. Sólo la muerte de Hipólito Yrigoyen, en 1933, había concitado una convocatoria popular de tal magnitud. Alicia Dujovne Ortíz así lo describió: “La lluvia no paraba un solo instante. La fila de llorosos se alargaba, zigzagueando bajo un techo de paraguas y de papel de diario. Se calculó que llegaba a medir tres kilómetros. Esperaban diez horas haciendo cola, helados, empapados, hambrientos, a menudo enfermos”.

Así transcurrían los meses del invierno de 1952, el año que quedaría para siempre en el recuerdo de los argentinos como el de la muerte de Eva Perón y el tiempo en el que se comió pan negro.

A fin de año, el Congreso aprobó el Plan Quinquenal. En los meses y años que siguieron, el programa de austeridad y estabilización arrojaría resultados. Se lograría reducir la inflación y se verificaría una mejora de los indicadores económicos. Perón demostraría que comprendía el sentido de los límites y que su movimiento era capaz de impulsar una política realista. Un extremo que parece escapar a la comprensión de muchos de sus seguidores en nuestros tiempos.

 

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