19 DE OCTUBRE:
Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer de Mama

El Especialista Ignacio Mc Lean, docente de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y jefe del Servicio de Mastología y Cirugía Mamaria del Hospital Universitario Austral, detalla particularidades de este cáncer, incidencia en nuestra población y factores a tener en cuenta para ser más eficientes en la prevención.   

¿En qué consiste este cáncer? ¿Con cuánta frecuencia se da?

Es la enfermedad maligna más frecuente entre las mujeres de nuestro país, luego del cáncer de piel. El cáncer se produce a partir de la modificación de una célula normal en una célula distinta y con características propias, que le dan la capacidad para dividirse más rápidamente, invadiendo los tejidos adyacentes y distribuyéndose en otras partes del cuerpo. Este proceso se llama carcinogénesis y es variable según el origen de la célula y las características del paciente. Existe una primera etapa, subclínica, donde es más reciente y muy difícil de detectar, y una segunda etapa clínica, donde este grupo de células “malignas”, ha conformado un tumor o nódulo de cierto tamaño, capaz de ser detectado por distintos estudios clínicos. Cuando esto se origina en la glándula mamaria, la enfermedad lleva el nombre de “cáncer de mama”.

¿Cómo afecta específicamente a la población argentina este cáncer? ¿Qué se podría hacer para prevenirlo? ¿Qué condiciones se podrían mejorar en nuestro país, para evitarlo?

Según el Instituto Nacional del Cáncer (INC), en nuestro país la incidencia es de 73 casos cada 100.000 mujeres, con la detección de 21.000 nuevos casos al año. Comparado con otros países y/o continentes, la Argentina presenta las más altas curvas de incidencia, muy similares a las observadas en Europa y Norteamérica, lo que transforma esta enfermedad en un problema de salud pública.

Así como en nuestro país existen altas cifras de incidencia en el cáncer de mama, desafortunadamente también contamos con altas cifras de mortalidad. Otros países más desarrollados como Estados Unidos o países de Europa y Oceanía, con alta incidencia de cáncer de mama, están logrando disminuir en forma significativa las cifras de mortalidad, producto del diagnóstico precoz y de las terapias más específicas, y dirigidas. En la Argentina, las cifras nacionales no muestran mejoras en la mortalidad, aunque sí vemos progresos en grandes centros urbanos y en pacientes que pueden acceder a centros más especializados.

También en las últimas décadas, se pudo determinar que cuando estos pacientes son evaluados y tratados en centros con equipos multidisciplinarios que trabajan juntos, mejoran todos los indicadores de calidad de atención, incluyendo las cifras de mortalidad. Hoy, las principales sociedades científicas del mundo alientan a la conformación de Centros Mamarios o Unidades de Mastología.

¿Cómo se puede prevenir esta enfermedad?

Existen dos formas de prevenir esta enfermedad: a través de la prevención primaria y, a través de la prevención secundaria. La primera implica evitar que surja una célula maligna, o sea impedir el proceso de carcinogénesis. Algo muy difícil en esta patología, ya que no existe un medicamento o una vacuna que sea eficaz. En este sentido, se ha estudiado la administración de algunos medicamentos hormonales, pero se ha descubierto que bajan la probabilidad solo en un porcentaje variable, que no llega al 50%, y que estaría indicado en la población de mujeres con alto riesgo de padecer esta enfermedad.

En las últimas décadas, también se han desarrollado estudios genéticos a personas con cierta predisposición a desarrollar cáncer. Se llaman mutaciones genéticas y, hoy, se conocen más de 30 de estas posibilidades, pero todas con distintas implicancias. Cuando en una familia existen muchos casos de cáncer de mama, ovario, colon, próstata, estómago y otros, entonces se podría estar ante una de estas mutaciones genéticas que se transmiten. Las más conocidas son las mutaciones BRCA1 y BRCA2. En las mujeres que las padecen, hoy también se están realizando cirugías de reducción de riesgo, que implican la remoción quirúrgica de la glándula para prevenir la enfermedad.

La prevención secundaria implica la detección precoz de la enfermedad, con el objetivo de anticiparnos lo más posible y que no implique consecuencias importantes en el paciente. El objetivo es bajar la probabilidad de muerte por la enfermedad, pero no la incidencia. Esto se logra con la realización de estudios de control en forma anual: mamografía y/o ecografía mamaria, la cual es recomendada a partir de los 40 años. En el caso de que la mujer tenga antecedentes familiares de primer grado (madre, hermana), la recomendación es empezar con estos controles a los 30 años.

¿Cuál es el número de muertes asociadas a esta enfermedad? ¿Qué factores aumentan el riesgo de enfermar?

Según datos publicados por el INC, 5.800 personas fallecen al año por esta enfermedad. Sin embargo, al observar las curvas de mortalidad en las últimas décadas, se observa una disminución paulatina, pero sostenida, producto del diagnóstico precoz y el desarrollo de terapias más modernas y específicas.

Existen factores genéticos que predisponen a padecer esta enfermedad, como los mencionados previamente y que, son los más importantes. Luego, existen otros factores, que, si bien aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad, lo hacen en menor medida: la obesidad, tabaquismo, tratamiento hormonal de reemplazo en la menopausia, biopsias previas con enfermedades benignas, pero proliferativas (hiperplasia epitelial atípica). El tabaquismo y el sedentarismo son factores de riesgo generales para la salud, pero también pueden colaborar en la aparición de cáncer de mama.

¿Cuándo es bueno consultar al médico? ¿A partir de qué edad es bueno realizarse estudios?

Más allá de las recomendaciones de control general y comentadas previamente, siempre que una mujer note cualquier irregularidad en sus mamas, es importante que consulte un médico. Los síntomas más comunes son notar un bulto o nódulo, la secreción de sangre por pezón y alteraciones en la piel de la mama. Mi experiencia me ha enseñado que toda vez que una mujer percibe sentir “algo distinto” en la mama, se deben encender las alertas y realizar los estudios necesarios. Desafortunadamente, existen cada vez más casos donde los médicos minimizan lo referido por el paciente y se pierden oportunidades de diagnóstico temprano.

Por el Esp. Ignacio Mc Lean
Docente de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y jefe del Servicio de Mastología y Cirugía Mamaria del Hospital Universitario Austral.

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