Como en cualquier elección, se juega mucho más que el simple hecho de saber quién gana y quién pierde. De los resultados en los distintos frentes, dependerá cómo se terminen modelando los verdaderos espacios de poder político presentes y futuros en la provincia.

Después de todo un mes de campaña electoral, este domingo 12 de septiembre representará el primer mojón de un proceso electoral que encuentra a la Argentina atravesada por una crisis intensa, profunda y crónica; y a una provincia de Santa Fe que padece la más sangrienta ola de violencia que se recuerde en mucho tiempo.

El desánimo, el hartazgo y, sobre todo, el descreimiento, horadan el estado de ánimo de la mayoría de los votantes a lo largo y ancho del país. Y en este contexto, adelantar cualquier resultado puede resultar temerario.

En toda elección se juega mucho más que el simple hecho de saber quién gana y quién pierde. Por lo general, lo más importante pasa por las sutilezas, por los detalles que terminan modelando los verdaderos espacios de poder político presentes y futuros.

La provincia de Santa Fe siempre fue un distrito trascendente a escala nacional. No sólo por lo que representa como fuerza y capacidad productiva sino, sobre todo, por una simple cuestión matemática: las 2.768.525 personas habilitadas para votar en suelo santafesino este domingo, convierten a esta provincia en el tercer distrito más populoso detrás de las provincias de Buenos Aires y Córdoba. Por encima, incluso, de Capital Federal.

Sin embargo, en este caso y como en pocas oportunidades, las elecciones santafesinas tendrán un particular impacto a nivel nacional. De hecho, se trata del único distrito en el que el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández decidieron involucrarse abiertamente a favor de una de las listas de la interna peronista. Y también es el único caso en el que el expresidente Mauricio Macri, la exministra Patricia Bullrich y el jefe de Gobierno de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, expresaron claramente su apoyo por uno de los sectores en pugna.

En la provincia de Santa Fe las listas que se enfrentarán este domingo son numerosas. Sin embargo, existen tres sectores que, más allá de sus particularidades, tienen más para perder en estos comicios.

La interna peronista que impactó en el poder central

Los primeros indicios de que la interna del peronismo santafesino se convertiría en un caso de particular atención desde el poder central comenzaron a darse en junio de este año, cuando Alberto Fernández recibió en la Quinta de Olivos a Omar Perotti y fueron fotografiados mientras recorrían los jardines de la residencia presidencial. La verdad es que los candidatos naturales del kirchnerismo en esta provincia jamás fueron Perotti, Marcelo Lewandowski o Roberto Mirabella. Ese lugar fue ocupado desde el nacimiento del kirchnerismo como fuerza política nacional por Agustín Rossi y un puñado de dirigentes.

Las alternativas eran dos: que el sector no kirchnerista que lidera Omar Perotti se impusiera en las internas; o que el sector kirchnerista que lidera Agustín Rossi resultara ganador.

Sin embargo, la necesidad del peronismo de no perder frente a Juntos por el Cambio en la provincia de Santa Fe hizo que las matemáticas se terminaran imponiendo. Incluso, sobre gustos o historias personales.

Agustín Rossi difícilmente podría superar el techo del 25% de votos en las elecciones generales, lo que condenaría al peronismo a un segundo puesto de manera irremediable.

Así lo entendió Cristina Fernández, ya que una hipotética derrota en Santa Fe dejaría a la incondicional María de los Ángeles Sacnun fuera del Senado de la Nación. Detrás de Rossi se encolumnaron rápidamente diversos sectores y dirigentes que jamás se sintieron tenidos en cuenta por Omar Perotti. Según ellos, el problema se generó por el estilo personalista del gobernador. Según Perotti, porque es necesario oxigenar al peronismo de Santa Fe dejando de lado a ciertos referentes con dudosos antecedentes. Lo cierto es que una lista tiene mucho más que perder que la otra en las elecciones de este domingo.

Se trata, sin lugar a dudas, del sector que recibió el apoyo de Alberto Fernández, de Cristina Fernández y del gobernador Perotti quien, como para que no quedaran dudas, se sumó a las listas como candidato suplente de manera claramente testimonial -a nadie se le ocurre pensar que si fuera necesario el gobernador de Santa Fe abandonaría su cargo en la Casa Gris-. Una hipotética derrota de este sector podría en tela de juicio los liderazgos nacionales y dejaría en un riesgoso escenario de debilidad al gobernador de la provincia.

La interna entre un PRO puro y tres radicales

En la interna santafesina de Juntos por el Cambio también existe un sector que pone más en juego en las elecciones de este domingo: se trata de las listas que encabeza Federico Angelini, un referente histórico del PRO que se enfrenta con tres listas lideradas por referentes del radicalismo que, sumados, obtendrán mayor cantidad de votos.

Los sectores radicales en pugna tienen como principales nombres a José Corral, ex intendente de Santa Fe y excandidato a gobernador, con una reciente campaña electoral de alcance provincial; al exintendente de Santa Fe, Mario Barletta, quien nunca le perdonó a Corral por haberlo desplazado del tablero electoral de la provincia; y Maximiliano Pullaro, exministro de Miguel Lifschitz que lidera a un sector de la UCR que no dudó en abandonar el Frente Progresista y sumarse a Juntos por el Cambio luego del fallecimiento del exgobernador.

Desde el núcleo duro del PRO o de Cambiemos saben que, una hipotética derrota de Angelini en estas Paso, dejaría a este sector en una clara situación de debilidad y lo colocaría en un inevitable segundo plano dentro del tablero político de la provincia de Santa Fe.

En definitiva, lo que se juega en esta interna es saber si en Santa Fe el espacio de Juntos por el Cambio termina siendo liderado por un referente del riñón del PRO o acaba en manos del radicalismo. Macri, Bullrich y Larreta lo tienen muy en claro. Son quienes más tienen para perder. Y por ese motivo decidieron pisar suelo santafesino para apoyar abiertamente a Federico Angelini.

La interna menos pensada en el Frente Amplio Progresista

Miguel Lifschitz no sólo era el principal referente dentro del Frente Progresista de Santa Fe, sino que su condición de gran elector ordenaba de manera directa este espacio e, indirectamente, el resto del tablero político de la provincia.

Pero su fallecimiento por coronavirus a poco del inicio de este proceso electoral, derrumbó todos los escenarios conocidos hasta ese momento. Un sector del radicalismo abandonó el Frente Progresista. Y entre quienes decidieron quedarse, surgieron dirigentes que rápidamente entendieron que era el momento de comenzar a tallar nuevos liderazgos. Entre ellos, el intendente de Rosario, Pablo Javkin y otros referentes con poder territorial o trayectoria legislativa.

El socialismo no tuvo tiempo para el duelo. La conmoción interna fue inevitable. Ante la desaparición del líder indiscutido, se hizo necesario poner en marcha un proceso de reinvención. Y así surgió la decisión de que Clara García, compañera de vida y de militancia de Miguel Lifschitz, se colocara al frente de estas listas.

En el Frente Amplio Progresista es muy claro lo que está en juego: la reafirmación de que el legado y los equipos de Miguel Lifschiz resultan suficientes como para seguir liderando este espacio, o la aceptación de que ante la desaparición del gran elector comienzan a surgir nuevas figuras en condiciones de ocupar ese lugar vacante.

Es cierto que, a diferencia de lo que sucedió en las internas de otros frentes políticos, en el FAP la campaña se desarrolló sin agravios cruzados y con manifestaciones constantes de que, desde el lunes 13 de septiembre, ganadores y perdedores están dispuestos a trabajar de manera conjunta de cara a las elecciones de noviembre.

Sin embargo, no quedan dudas de que el socialismo puro es el sector que más tiene para perder en estas elecciones. Más allá del resultado final de este domingo, la desaparición de Lifschitz generó un impacto inevitable.

Fuente – Aire de Santa Fe

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