Nuestro país ha vivido largas etapas donde reunirse a pensar era considerado algo malo, y expresarlo mucho más.

Pensar distinto no implica – de ninguna manera – un potencial peligro, ni debe ser considerado como una amenaza o probable violencia contra quienes se encuentran ejerciendo los cargos de representantes de la sociedad. Es justamente ese pensamiento distinto el que nos ayuda a comprender nuestros errores y carencias para poder mejorar. Es muchas veces difícil ver nuestros propios errores, por eso es positivo que alguien nos lo marque y nos muestre que existen caminos alternativos a nuestra única verdad.

Cuando hablamos de memoria, o cuando conmemoramos un día como el 24 de marzo “Día Nacional de la Memoria por la Justicia y la Verdad”, no debemos quedarnos sólo en verlo como un día no laborable o en realizar un acto protocolar; debemos realmente pensar qué es lo que estamos conmemorando y aprender la enseñanza que esta conmemoración nos quiere impartir.

Es una Ley Nacional la que instituye esta fecha conmemorativa (Ley 25.633), porque la sociedad a través de sus representantes decidió que debía cambiar una forma de actuar y no caer jamás nuevamente en ella. Es hoy nuestra responsabilidad como funcionarios y representantes de partidos políticos dar el ejemplo y demostrar que los feriados no implican solo un día para dormir hasta más tarde.

No impidamos que la juventud se reúna a pensar, promovamos las ideas, no sigamos generando corderos que siguen el rebaño, no nos llenemos la boca con que queremos mayor participación política y luego temamos que nos saquen nuestro pequeño espacio de poder;  apoyemos a quien piensa (aunque piense diferente), aprendamos de él, demostremos quienes creemos en el sistema que podemos convivir pensando diferente y que podemos generar cosas buenas de ello.

Claro está que nuestra democracia – aún hoy – muestra muchísimas falencias y muchas veces no resuelve problemas básicos de la sociedad. Es innegable que “…el malestar reside en la creencia de estar ya en posesión de la democracia y en sentir su triste resultado como un engaño…”[1]

No obstante ello, estoy convencido que no podemos dejar de pugnar por la mejora, y que poco a poco lograremos estar mejor.  Como expreso el ex presidente Raúl Alfonsín: “Lo grave no es cometer errores sino dejar de reconocerlos y superarlos … Esa será la prueba del espíritu democrático, capaz de adquirir el disentimiento, la discusión, y por lo tanto, la propia equivocación…Son muchas más las necesidades y convicciones que tenemos en común la mayoría de los argentinos que aquellas que nos separan…Sabremos que por sobre nuestras diferencias  y más allá de nuestros intereses particulares, nos une la oposición a un proyecto excluyente.”[2] Pensemos, debatamos y mejoremos, crezcamos, es nuestra obligación hoy y de aquí en adelante.

 

Por Eduardo J. N. Paoletti

Presidente U.C.R. Distrito Reconquista

 

[1] Carlos Galli, El malestar de la democracia, Bs. As., C.F.E., 2013, p. 83.

[2] Raúl Alfonsín, La cuestión argentina, 1981.

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