En Villa Guillermina se conmemoró con la creación de un Parque de la Memoria y de la Identidad de los Pueblos Forestales.
Explotación obrera, persecución de sindicalistas y activistas, 400 kilómetros de vías férreas, monopolio de la producción y ganancias exorbitantes ante la muerte agónica de miles de quebrachos colorados. Esa era la foto del norte santafesino, del sur de Chaco y del noroeste de Santiago del Estero a fines del siglo XIX y principios del XX en posesión de La Forestal, la compañía inglesa y primera productora de tanino en el mundo, que llegó a tener más de 2 millones de hectáreas en el país. El estallido obrero no se hizo esperar, pero la sangrienta represión tampoco.
Ayer se cumplieron 100 años de aquel 29 de enero de 1921 en el que se produjo una masacre: el asesinato de varias centenas de obreros que se habían declarado en huelga en los lugares de trabajo.
Y en memoria de esa lucha, y de esa historia que dejó un saldo de 90 por ciento de bosque talado, se organizó un acto en el Complejo histórico-cultural de Villa Guillermina, en el noroeste de Santa Fe, donde existen aún las ruinas de la fábrica.
Justamente se pudo acceder a ella, conocida como la industria con la chimenea más imponente de Sudamérica, que se destaca a simple vista en esta localidad.
Por eso es el epicentro de la memoria. Ahí donde el año pasado se inauguró un mural en el ingreso con una foto aportada por el nieto de un huelguista.
“Hace 100 años, un grupo de obreros protagonizaban este hecho que los colocaría definitivamente en la historia, poniéndose de pie frente a la adversidad y la injusticia de un modelo de explotación sin porvenir”, dijo el gobernador Omar Perotti en la conmemoración del centenario.
En honor a Teófilo Lafuente
“Hoy recordamos ese alzamiento, porque entendemos desde la perspectiva histórica que esas luchas obreras fueron constitutivas de un modelo organizacional de nuestro país en materia de derechos”, añadió el gobernador.
“Aquel fue un gran aporte al surgimiento del sindicalismo argentino y se gestó aquí en nuestro norte, con un dirigente como Teófilo Lafuente (al primer secretario del sindicato del tanino, por eso se inauguró ayer un monumento en su honor). Por eso queremos reivindicar el valor de los pueblos forestales, que tienen plena participación en esta conmemoración, que han sabido transitar el dolor y desde allí han abierto un presente con expectativas”, cerró Perotti.
En el acto también estuvieron vecinos e historiadores de la localidad anfitriona y vecinas. También los jefes y jefas comunales, como Nancy Abalos (Villa Guillermina), José Nicola (La Gallareta), Ramón Ledesma (Tartagal), Catalina Hoffmann (Villa Ana), Omar Walker (Los Amores), Fernando Roda (Intiyaco); Beatríz Villalba (Garabato), Ariel Bolaño (Margarita); y los intendentes Paula Mitre (Vera) y Rubén Mitre (Calchaquí).
También asistieron Alejandro Jasinski, autor del libro «Revuelta obrera y masacre en La Forestal», más Carlos Del Frade y Oscar Ainsuain quienes publicaron el año pasado el libro «La Forestal, explotación y saqueo. Una historia que continúa». Y de manera virtual participó el historiador Felipe Pigna.
Una de las acciones fue firmar el comodato para la creación del Parque de la Memoria y la Identidad de los Pueblos Forestales. En esa zona de la chimenea, tan representativa de aquellos años.
Al mismo tiempo, en Rosario, se realizó un recordatorio en la sala Lavardén (Sarmiento y Mendoza), en el que participaron quienes en la década del 80 (estrenada en enero de 1984 en el teatro Broadway de Rosario) evocaron la historia de La Forestal a través de una crónica cantada, creada en 1964 por Rafael Ielpi, actuada por Enrique Llopis y dirigida por Néstor Zapata.
A puro quebracho
En 1956, durante el gobierno del ex presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu se declaró al quebracho colorado (Schinopsis balansae), que tarda décadas en poder explotarse, como “árbol forestal nacional”. En el decreto se citan varios considerandos pero como era de esperar nada se dice de la explotación obrera ni de la masacre ocurrida hace una centuria.
¿Qué no se dijo allí? Que hubo una reacción de los trabajadores a una explotación inhumana que arrastraba huelgas organizadas por sindicatos de la Federación Obrera Regional Argentina (Fora). Estos sindicatos exigían mejoras de las condiciones de trabajo para varones y mujeres (si bien eran minoría, trabajaban como hacheras, telefonistas, costureras y hasta como prostitutas). Pedían las ocho horas y también mejoras salariales a instancias del gobierno radical de Hipólito Irigoyen, con quien se había firmado un convenio colectivo. Pero la empresa, que contaba con ferrocarriles, puertos, moneda y policía propia, maestros, hospitales, jueces de paz y además pagaba los salarios con pagarés que habilitaban a abastecerse sólo en los almacenes de la firma, incumplió.
Revuelta y huelga
El rompimiento del acuerdo desató la revuelta y huelga general del 29 de enero y la represión de unos 400 trabajadores que intentaron tomar las fábricas de Villa Ana y Villa Guillermina. Muchos trataron de esconderse en el monte con sus familias y fueron “cazados” por la Gendarmería Volante y la Legión Patriótica.
Torturas, quemas de viviendas y desarticulación del Sindicato del Tanino mediante, La Forestal reabrió en noviembre de 1922. Tres décadas después, con los quebrachales talados, la empresa cerró definitivamente sus plantas en Argentina. Se fue a Africa y en los 70 a las fábricas las adquirieron capitales ingleses ligados al platino. En tanto, en la Argentina los pueblos donde se levantaba La Forestal quedaron inmersos en la miseria y el desconcierto: sin trabajo, sin tren, con pocos habitantes y poco futuro.
Fue la liquidación de la industria del quebracho en el país y se adelantó a la desindustrialización iniciada por la última dictadura. Un dato no menor: uno de los últimos directores de La Forestal en Argentina a fines de la década del 60 fue el ex ministro de economía José Alfredo Martínez de Hoz.
Fuente – La Capital.com.ar

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