Miguel Lemos hace 22 años que forma parte de la Selección Nacional de Fútbol para Amputados. Su historia de vida puede ser una bocanada de esperanza para muchos.

 

“Ya estamos en la cuenta regresiva para el Mundial”, dice Miguel Lemos, ansioso y con orgullo sobre el próximo torneo que se realizará en Turquía a partir del 9 de octubre. El arquero nacional es oriundo del norte santafesino, precisamente de Santa Margarita, una pequeña localidad en el Departamento 9 de Julio, pero desde el año 2000 reside en la capital provincial.

Justamente fue en su pago natal donde su vida fue fuertemente marcada. A la edad de 5 años, vivió un hecho que le dejo marcas en el cuerpo y en el alma. Jugaba en las vías del tren junto a su hermanito y por cosas de la vida, el tren que no tendría que haber estado en marcha, aplasto a su hermanito. En la desesperación, el intento salvarlo y perdió su brazo derecho.

“Me crie con esto… Me ha costado, pero me fui adaptando y logré independizarme en todas las tareas de la vida”, cuenta poniéndole la piel de gallina a quien lo escucha. “Todo está en uno, en como uno se tome las cosas”, afirma este arquero y guerrero de la vida que tiene como lema “siempre buscar las formas para lograr cosas y no agarrarse de las excusas”.

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Sus años no han sido fáciles, sin embargo, piensa que siempre hay que ir para adelante. La pasión por el deporte, en especial por el fútbol, lo han llevado nuevamente a integrarse, a sentirse parte de la sociedad que muchas veces antes lo había marginado por su condición física.

La pelota lo acompañó siempre y le abrió una puerta enorme. Hace 22 años, cuando se formó la Selección Nacional de Amputados, por casualidad fue convocado para integrarla. Alguien lo vio en la calle y le propuso sumarse al equipo.

En el primer entrenamiento se enteró que por reglamento está estipulado que quien no tenga un miembro superior debe ser arquero. En el potrero, él no era habitué de esta posición, pero sin dudarlo comenzó a prepararse para estar debajo de los tres palos. Vestir la celeste y blanca dice Miguel, es el mayor honor al que puede aspirar un jugador.

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Con la Selección pudo construir una trayectoria formidable y una carrera que lo hace feliz. Es que junto con el equipo que representa a nuestro país fue Campeón Sudamericano en 2003 y en 2018, así como Subcampeón Mundial en 2010.

Este año, a partir del 9 de octubre, se llevará a cabo un nuevo Campeonato Mundial, en Estambul, Turquía. “Vuelvo a volar a un sueño”, comenta Miguel y también dice que esta será la última vez que participe como jugador, aunque espera siempre estar ligado al deporte.

Además de deportista, es esposo y padre. Con sus tres hijos suele entrenar. Los chicos de 18, 13 y 3 años sienten el orgullo de que Miguel sea su padre y les demuestre día a día con el ejemplo, a poner el alma y como superar todos los obstáculos para cumplir los sueños.

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