Ya cercanos al XXXIII Domingo Durante el año, dedicado a celebrar la IV Jornada Mundial de los pobres, convocado por el Papa Francisco bajo el lema “tiende tu mano al pobre” (cf. Si 7,32), quiero exhortar a todos los fieles de la Diócesis de Reconquista a adherir de una manera consciente y comprometida a esta iniciativa.

Aunque, al principio quedamos un tanto desconcertados frente a esta propuesta, el corto camino recorrido nos ha mostrado gran creatividad en las comunidades para vivirla, y hemos cosechado hermosos frutos de caridad y solidaridad para aquellos que necesitan de “una mano tendida”.

Lo primero que podemos hacer es leer el mensaje de nuestro querido Papa Francisco. En línea con su Encíclica “Fratelli Tutti”, nos llama a tender nuestra mando a los demás, a los marginados, a los caídos (cf. www.vatican.va).

En el número sexto, precisa el modo de vivir la Jornada durante este tiempo particular para la humanidad, afirmando: “Tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero ha estado como abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver! La mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de encontrar el remedio adecuado. La mano tendida de la enfermera y del enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para cuidar a los enfermos. La mano tendida del que trabaja en la administración y proporciona los medios para salvar el mayor número posible de vidas. La mano tendida del farmacéutico, quién está expuesto a tantas peticiones en un contacto arriesgado con la gente. La mano tendida del sacerdote que bendice con el corazón desgarrado. La mano tendida del voluntario que socorre a los que viven en la calle y a los que, a pesar de tener un techo, no tienen comida. La mano tendida de hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad. Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo (Francisco, Tiende tu mano al pobre, 6).

Las Palabras de Francisco son más que elocuentes, y nos indican la dirección que podemos seguir para vivir este año la Jornada de los Pobres: tender la mano a quien está pasando una situación difícil por la pandemia. Les pido a los sacerdotes, a los diáconos, a los consagrados y consagradas, a las parroquias, a los movimientos y asociaciones, que se dejen guiar por el Espíritu de Dios, para reconocer este año los “nuevos rostros” de la pobreza, para tenderles una mano de consuelo y esperanza.

Finalmente, y siguiendo también el pensamiento del Papa, quiero decirles que es un momento para que también nosotros podamos reconocer nuestra pobreza, nuestras miserias, nuestras fragilidades. Todos, de alguna manera somos pobres, y necesitamos de una mano tendida que nos levante y nos sostenga. No dejemos que la autosuficiencia nos impida vivir la dulce y consoladora experiencia de la compasión.

Que María Santísima, madre de los pobres y modelo de mujer humilde, guie nuestras manos hacia las manos de quiénes nos están esperando.

Sede Episcopal de Reconquista, 07 de Noviembre de 2020, Memoria de María como Madre y Medianera de todas las gracias.

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